A veces la vida nos pone ante nuevas situaciones y cambios que hacen tambalear nuestra construida y encarrilada zona de confort. Esto puede ser tanto un nuevo trabajo como una nueva relación de pareja, un viaje inesperado, o como en el caso que nos ocupa ahora, una pandemia por coronavirus que puede afectar gravemente a nuestra salud si nos infectamos.
Es posible que esos cambios nos alteren y lleguen a generarnos un cierto vértigo y/o malesta. Sin embargo, esta es una respuesta normal puesto que el ser humano necesita de cierto nivel de estabilidad mental y social para mantener su bienestar psicológico y vivir tranquilo.
Pero, en cualquier caso, se puede y se debe aprender a adaptarse a los cambios para seguir adelante y evitar que el miedo nos paralice.
Hay que saber actuar, no solo para que la incertidumbre y la inestabilidad no desgaste nuestro bienestar, sino también para sacarles partido a esas oportunidades que llegan casi indefectiblemente con los cambios.
En primer lugar es fundamental que debamos asimilar que realmente el mundo y todo lo que le rodea está en constante cambio y evolución, incluidos nosotros, aunque no seamos a corto plazo conscientes de ello hasta que el cambio es tan evidente que ya no tenemos más remedio que hacerle frente. El truco para llevar esto a la práctica sin que nos afecte profundamente es intentar no conservar las cosas siempre igual y sobre todo bandear los cambios de tal forma que podamos aprovecharnos de ellos a nuestro favor.
Por otro lado, es muy importante intentar evitar la negación del cambio. Es decir, hay personas que ante un cambio, para bien o para mal, se dedican a renegar de este, le niegan, no existe, protestan y rabian porque las cosas han dejado de ser como eran. Otras, por el contrario, actúan ante estas situaciones como si nada hubiese cambiado, ajenas a todo cuanto ocurre a su alrededor.
Sin embargo, cualquiera de estas dos actitudes ante los cambios son contraproducentes. Actuar así no nos va a permitir aquello que nos va a ayudar a superar los cambios, o sea, adaptarnos a ellos. Las sociedades son siempre contextos que van evolucionando, y por eso debemos dejar que estos cambios orienten nuestra manera de pensar y de actuar. Nada es inamovible y lo que hoy puede ser válido y aceptable, mañana no.
De esta forma, para una mejor adaptación a los cambios debemos tener la flexibilidad suficiente para reprogramar nuestra vida ante las nuevas circunstancias. Deberemos analizar qué ha cambiado y qué modificaciones debemos introducir en nuestra conducta o qué debemos aprender para adaptarnos a ello.
En el caso de que sean circunstancias ajenas a nosotros en las que no podamos intervenir, como es la situación actual de la pandemia, es necesario mantenernos tranquilos, previendo las posibles soluciones según cambie el escenario en el que nos movemos.
Para mantenernos en un correcto estado de relajación podemos probar a realizar ejercicios de respiración con el mindfulness o la meditación para calmar la ansiedad.
El quiz de la cuestión, pues, para adaptarnos a los cambios, es sencillamente tomar una actitud positiva, asimilar la nueva realidad y aceptar esos cambios.
Cuando un aspecto de nuestra vida sufre una modificación este no suele volver a su estado anterior, por lo que, queramos o no, debemos aceptar esta nueva situación. Negar el cambio solo nos va a producir malestar y ansiedad.
El miedo al cambio tampoco debe ser en ningún caso un impedimento para que dirijamos nuestras acciones hacia nuestro bienestar psicológico porque nada es permanente y a veces es mejor cambiar y adaptarse porque es evidente que en la lucha por la supervivencia el que mejor se adapta a su entorno gana en todos los sentidos.
A veces es importante anticiparse a los cambios. Esto supone fijarse en lo que hacen los demás, sobre todo las generaciones que nos preceden porque ellos son las primeras y mejores señales de que algo nuevo está llegando. Sus actitudes son avisos de que el mundo está evolucionando más allá de las simples modas.
Anticiparse y adaptarse rápido a los cambios también implica estar constantemente aprendiendo y sintiendo curiosidad por las cosas que nos rodean ya sea a través de formación reglada o de manera autodidacta.
Enfrentarse a los cambios supone también tener la capacidad de gestionar las emociones que estos nos producen puesto que estas emociones pueden llegar a afectarnos debido a la novedad y la confusión que pueden producir al principio.
Por eso, es importante desarrollar habilidades de Inteligencia Emocional que nos permitan saber reconocer esas emociones y regularlas correctamente sin dejar que nos dejen en una posición vulnerable.
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