Todos los seres humanos queremos vivir felizmente en todo momento, y para ello intentamos descubrir que es la felicidad. Sin embargo, esto no es más que una idealización porque la felicidad no es un estado emocional concreto, sino una forma de vida. Es un estado de placer que está donde tu quieras.
Tanto es así que hay personas que se han topado con numerosos baches a lo largo de su vida y son felices. Otras, por el contrario, habiendo sido siempre unos privilegiados que lo han tenido casi todo y aun así, declaran no ser felices.
Tampoco la felicidad está en vivir en un país concreto del mundo. En cada lugar sus habitantes gozan de una felicidad que resulta del amor, la amistad, la esperanza, la ilusión, la salud, el clima, la educación, la espiritualidad...., o un conjunto de todas o varias de esas cosas.
El concepto de felicidad no es una idea meramente filosófica exenta de repercusiones en nuestra vida cotidiana. De hecho, la imagen que tengamos de la felicidad influye en nuestra actitud ante la vida e incluso puede hacer que seamos más o menos felices.
A grandes rasgos, se puede hacer referencia a tres grandes posturas sobre el concepto de felicidad, posturas que forman parte de las creencias de muchas personas.
En primer lugar estarían los escépticos, que serían aquellas personas que están convencidos de que la felicidad no existe o es imposible alcanzarla por lo que ni siquiera la buscan. Después vendrían los limitados, que son quienes afirman que no existe la felicidad sino momentos felices, por lo que debemos darnos por satisfechos las pocas veces que esta toca a nuestra puerta. Por último están los optimistas, que son las personas que piensan que la felicidad existe y se puede conquistar de manera definitiva.
Por tanto, es evidente que dependiendo de la postura que asumamos desarrollaremos una actitud más o menos proactiva ante la vida, es decir, esperaremos a que la felicidad toque a nuestra puerta, o al contrario, saldremos a buscarla.
Así, podríamos determinar a grandes rasgos que la felicidad es un estado de satisfacción plena; que es un estado subjetivo, porque cada persona la experimenta de una manera distinta; que puede estar provocada por diferentes cosas o situaciones, dependiendo del significado que cada persona le confiera a estas; y finalmente, que la felicidad puede ser un estado más o menos duradero, pero que también puede caducar.
Cómo ser feliz
Por todo lo visto anteriormente se podría resumir que la felicidad no la determina un logro o una situación determinada sino un sistema de valores enfocados a cambiar nuestra filosofía ante la vida (cambiar las expectativas, por ejemplo, lo que puedes conseguir y lo que esperas) porque la felicidad no se encuentra en algo o en alguien, sino que se construye y no apuntando hacia afuera sino hacia adentro.
Pero no hay que obsesionarse con ser felices ya que eso no puede llevar a la ansiedad y la desesperación, por tanto, acaba convirtiéndose en lucha.
Otra clave para ser feliz es enfocarse en el presente, lo demás no es real. Aquí nos serían muy útiles las técnicas de mindfulness, o concienciación plena, para mejorar la inteligencia emocional e impulsar el bienestar, en definitiva para conseguir una forma de felicidad.
Para alcanzar la felicidad hay expertos que sostienen que se logra con tres sencillos pasos porque el secreto de la felicidad está en las cosas simples de la vida: el primero sería calmar la mente con la respiración, hacer pausas durante el día con la respiración y practicar la meditación. El segundo iría encaminado a llevar un registro de nuestros momentos alegres recordando buenos momentos del día con los amigos, familia, etc. Y el tercer paso sería tener pensamientos altruistas y generosos con los demás, algo que nos proporcionará un gran placer y por tanto felicidad.
Pero también hay que recordar algo. La felicidad no es una meta, sino un camino a recorrer. Trabajar por ser cada día un poco más felices está en nuestras manos.
Comentarios
Publicar un comentario